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Preguntas capciosas

26/10/2009
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¿Está usted a favor o en contra del bien y la verdad?

Preguntas capciosas

Hay preguntas capciosas que, cuando se nos formulan, producen en nosotros un cierto embarazo y frustración, pues, respondamos como respondamos, siempre quedaremos mal, incluso ante nosotros mismos. Preferiríamos que no nos pusieran en el trance de tener que contestarlas.

«¿Está usted a favor o en contra de la normalidad sexual?» Estar a favor de la normalidad sexual suena muy aburrido. Pero si decimos que estamos en contra, parece que somos unos degenerados.

«¿Está usted a favor o en contra del derecho a la vida?» Si decimos que estamos a favor del derecho a la vida, van a utilizar nuestra afirmación para clocarnos en el banco de los carcas, contrarios al derecho al aborto y la eutanasia. Si decimos que estamos en contra, vamos a resultar sospechosos de albergar peligrosos instintos asesinos.

«¿Está usted a favor o en contra del bien y la verdad?» Si respondemos que estamos en contra del bien y la verdad, vamos a parecer monstruos, prodigios de perversidad teórica y práctica. Pero si contestamos que estamos a favor del bien y de la verdad, vamos a presentarnos envueltos en un tufillo de beatería intelectual y moral simplista y bien pensante, que tampoco nos va.

Lo capcioso de las preguntas y lo embarazoso de las respuestas viene de que en su formulación empleamos conceptos a la vez excesivamente vagos y excesivamente cargados de valoración y emotividad. Yo no sé qué es la normalidad sexual, el derecho a la vida, la verdad o el bien, sin más. En principio parecen apuntar hacia algo positivo y valioso; por eso no puedo decir que estoy en contra. Pero pueden precisarse de muchas maneras distintas, algunas de las cuales me resultan inaceptables; por eso no puedo decir que estoy a favor.

Claro que también hay un método de quitar mordiente al asunto, a base de interpretar las preguntas de tal modo que las respuestas resulten ser tautológicas. Si por normalidad sexual entiendo hacer en la cama lo que a mí me gusta hacer en la cama, desde luego que estoy a favor. Si por derecho a la vida entiendo la preservación de la vida en todas las circunstancias en que la vida merezca la pena de ser conservada, todos estaremos a favor de tal derecho. Si por bien entendemos (con Aristóteles) aquello que deseamos, desde luego que deseamos el bien. Si el bien es lo que hay que hacer y el mal es lo que hay que evitar, poco nos costará estar de acuerdo con los filósofos medievales en que bonum est faciendum y malum est vitandum. Y si, siguiendo la desencomilladora concepción tarskiana de la verdad, decir que algo es verdad equivale a repetirlo, entonces difícilmente estaremos en contra de decir que lo que decimos es verdad, es decir, de decir lo que (de todos modos) decimos.

Esta estrategia inmunizadora elimina el desasosiego y confusión que nos producían las preguntas iniciales, pero también les priva de todo interés o sentido. Si el gobierno somete a referéndum la pregunta de si queremos que nuestra sociedad sea justa, todos votaremos a favor, pero, aún así, el gobiernos no sabrá qué hacer con tan unánime resultado. Todos estamos de acuerdo en que la sociedad debería estar justamente organizada, pero discrepamos precisamente acerca de en qué consista la organización justa de la sociedad. Los que estaban en contra del justicialismo, en Argentina, no es que estuvieran en contra de la justicia; es que tenían una concepción de la justicia distinta de la del general Perón. Por eso decir, sin más, que estamos a favor de la sociedad justa no es más que decir que estamos a favor de lo que estamos a favor y, a todos los efectos prácticos, equivale a no decir nada.

MOSTERÍN, J. (1984). Conceptos y teorías en la ciencia

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