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Sobre el anarquismo de Bakunin

27/10/2011

Bakunin concebía la revolución como un desencadenamiento de “malas pasiones”, y, al mismo tiempo que era un príncipe enemigo de toda autoridad, una especie de precursor de la fórmula de los ocupantes de la Sorbona; “prohibido prohibir”, demostraba un carácter dictatorial, enemigo de todo control sobre él. Su egocentrismo estaba muy cercano al que caracteriza a Cohn-Bendit, Sauvageot y otros Geismar.

Bien entendido que los que no se plegaban ante el autoritarismo bakuninista eran objeto de los peores ataques por parte de los émulos de Bakunin, que no retrocedían ante nada para imponer sus puntos de vista y sus métodos de acción.

Además, lo que caracterizaba a la alianza creada por Bakunin era el extraordinario conjunto de elementos que cobijaba en su seno (excluidos de la Primera Internacional, provocadores profesionales al servicio de la policía, elementos desclasados, agentes bonapartistas; en una palabra, lo que Marx denominaba lumpenproletariado).

Con el disfraz de anarquista, le era posible a cualquiera entregarse a agitaciones que beneficiaban a los explotadores capitalistas bajo una falsa apariencia revolucionaria.

Bakunin y sus adeptos se habían fijado un objetivo muy preciso: querían hacerse de la dirección de la Primera Internacional, y, si hubieran conseguido este objetivo, lo primero que hubieran hecho hubiese sido excluir a Karl Marx, Friedrich Engels y a los militantes que coincidían con las concepciones de éstos.

Se comprende que, en tales condiciones, el Consejo General de la Primera Internacional excluyera a Bakunin y a sus acólitos.

A los ojos de los bakunisnistas, Marx era menos revolucionario que ellos, y no cesaban en sus ataques. Pero la vida ha elegido entre la doctrina del socialismo científico de Marx y Engels y la verborrea ultra-revolucionaria de los anarquistas bakuninistas, que ha demostrado su esterilidad y su carácter nocivo.

Al mismo tiempo que los bakuninistas hablaban de proceder a la transformación social inmediata, cosa que no era posible en las condiciones objetivas de la época, aquellos aventureros se dedicaban a combatir a la Primera Internacional y a impedir a los obreros la utilización de las posibilidades legales para crear organizaciones políticas y económicas de masas.

Los anarquistas bakuninistas tuvieron la ocasión de mostrar la nocividad de sus métodos de acción en el curso de la revolución española de 1873-1874. Preconizando la abstención en las elecciones constituyentes, contribuyeron con ello a la elección de diputados burgueses, y oponiéndose a la centralización militar de la guerra revolucionaria escribían: “La revolución está en la calle”, mostrando así, como subrayó Friedrich Engels, “como no se debe hacer una revolución”.

Se sabe también cómo el anarquista Makno se levantó contra el poder de los soviets y llevó contra él una guerra bandidesca, de crímenes, haciendo el juego a la contrarrevolución.

La política aventurera, sectaria y, al mismo tiempo, oportunista de los bakuninistas, reflejaba la cólera, la impaciencia y las vacilaciones de una pequeña burguesía sin perspectivas. Esta política aventurera se apoyaba también en las capas menos evolucionadas de la clase obrera, particularmente en España, Italia y Suiza. Y también  encontraba un cierto apoyo entre los elementos proudhonianos de Bélgica y en un cierto número de franceses que la derrota de la Comuna de París había obligado a exiliarse y que terminó con su hundimiento.

Mediante el juego de una aproximación aparentemente paradojal, de la que la historia ofrece numerosos ejemplos, se podía citar también a los izquierdistas bakuninistas apoyados por las derechistas Trade Unions de la Gran Bretaña. Lo que subraya el hecho de que la lucha contra el izquierdismo no puede hacernos olvidar la lucha contra el oportunismo. Es decir, la lucha sobre dos frentes que lleva a cabo el Partido Comunista Francés: contra el oportunismo de izquierda y contra el oportunismo de derecha.

Este  recordatorio histórico de los acontecimientos que he relatado y comentado en mi libro La Primera Internacional me ha parecido útil, pues hoy, en otras condiciones, los grupos izquierdistas desarrollan ideas y preconizan métodos de acción que he querido demostrar que ya fueron denunciados como contrarrevolucionrios.

Los anarquistas bakuninistas fundamentaban sus previsiones sedicentemente revolucionarias no sobre la conciencia revolucionaria de las masas organizadas, sino sobre la acción de minorías activas.

Es cierto que la verborrea ultrarrevolucionaria encuentra un terreno favorable en los medios de la pequeña burguesía, y puede también influenciar a ciertas categorías de trabajadores y hacer mucho mal al movimiento obrero. Hace treinta años se pudo comprobar la obra de los anarquistas españoles, que ocasionaron los más graves daños a la República Española.

Demostrando con sus actos el desconocimiento total de los problemas económicos, la nacionalización del pequeño comercio, de los salones de peluquería, etc., constituía para ellos una medida revolucionaria de gran trascendencia, mientras que esta estupidez significaba el aislamiento de la clase obrera en su lucha contra el franquismo.

La visión del socialismo que mostraban los anarquistas españoles era caricaturesca, enajenando simpatías que en otras condiciones se hubieran manifestado.

En lo que se refiere a su comportamiento, éste fue negativo para la unidad y la eficacia de la acción militar de la República Española contra la rebelión franquista.

Duclos, Jacques. Anarquistas de ayer y de hoy

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