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De la cultura y el racismo

07/07/2013

¿Deben usarse los valores y la democracia occidentales como modelo universal?

Jesús Mosterín

El genoma humano determina las necesidades básicas, muy parecidas en todas partes. Las culturas tradicionales eran soluciones locales distintas de la ecuación universal de nuestras necesidades, pero el pasado es un país lejano, que nosotros ya no habitamos. La intercomunicación actual corroe las tradiciones y las funde en una cultura universal crecientemente compartida. Algunos ideales parcialmente occidentales, como la salud, la felicidad, la verdad y la ciencia, pueden proponerse como modelo general. Otros, no. La democracia liberal actual deja mucho que desear, pero es el sistema político menos malo ensayado hasta ahora. Sus dos valores esenciales son la libertad y (como subrayaba Popper) la oportunidad de cambiar el Gobierno de vez en cuando sin necesidad de guerra o revolución alguna.

¿Debe el Estado proteger la cultura y las costumbres de los inmigrantes o deben estos adaptarse a los del país de acogida?

Manuel Delgado

El racismo ya no emplea la noción de raza. Allí donde decía “razas inferiores” ahora dice “culturas diferentes”, a las que se jerarquiza en función de su grado de adaptabilidad a una inexistente cultura anfitriona. La primera exclusión de que se hace víctima al llamado inmigrante es negarle el derecho a una distinción clara entre público y privado. Es así que prácticas religiosas o simples gustos vestimentarios que para los “no inmigrantes” son una cuestión privada pasan a ser reconocidas como anomalías alarmantes que deben ser corregidas. Eso no quiere decir que no haya entre nosotros quienes no se adaptan a nuestros valores de la libertad y democracia. Cierto, pero estos no son los inmigrantes, sino quienes nos gobiernan.

El País Cultura

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