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Jorge Sánchez, nómada

02/08/2014

Entrevista extraída de LaVAnguardia.es

¿Cuántos países conoce? Todos.

¿Todos, todos? Los 194 de la ONU, más algunos que aún están en el limbo, como Transnitria, Abjasia, Nagorno-Karabaj, Osetia del Sur…

¿Desde cuándo lleva viajando? Empecé con 13 años, me escapé de casa… ¡Era un niño! Sin pasaporte: ¡ni sabía qué era eso! Llegué hasta el Sáhara español, con idea de seguir hacia el sur de África… Pero la policía me detuvo y me devolvió a casa.

¿Qué dijeron sus padres? Sólo me cortaron el pelo (iba yo un poco hippy) y mi padre me dijo: “Por favor, espera a los 18 años y sácate el pasaporte”. Muy sensato. Lo hice, y desde los 18 años llevo ya cuatro vueltas al mundo, y sigo viajando por todos los países. Si sumo todos los días que he estado de viaje, ¡suman 30 años de mi vida…!

¿Y cómo se financia esta vida? No tengo nada, sólo soy viajero, nada más: trabajo en lo que sea, ahorro… ¡y viajo! Y, mientras viajo, trabajo en lo que puedo.

¿En qué? Camarero, pizzero, guía, friego platos, recojo fruta, doy clases de español… Es uno de los tres requisitos del viajero de verdad: págate el viaje trabajando. Si viajas por cuenta de otro, tú eres viajante, ¡no viajero!

¿Cuáles son los otros dos requisitos? Uno, llevar al menos veinte años en el camino, veinte años viajando. Y el tercero, defenderte en los seis idiomas principales de la ONU: chino, ruso, español, árabe, inglés y francés. Yo me he dedicado a aprenderlos.

¿Dónde nace tanta avidez viajera? De los mapas. De muy niño abrí un atlas que había por casa y… me envenené: ¡deseé viajar por todos esos lugares!

¿Y qué busca con todos esos viajes? Conocer este planeta en el que vivo, conocer a la gente que lo habita. Y, así, conocerme un poco mejor a mí mismo.

¿Y cómo lo lleva? Sigo en el camino. Ahora hago una parada de unas semanas en l’Hospitalet, donde nací y adonde me gusta siempre volver.

¿Qué lugar es el más inaccesible en el que ha estado? La jungla de Darién, entre Panamá y Colombia, donde la naturaleza levanta el asfalto y sólo puedes adentrarte caminando. O el estrecho de Bering, que muy pocos cruzan. O algunas islas del Índico y del Pacífico.

¿Por ejemplo? Tristán de Acuña, Pitcairn, Santa Helena, la isla Wake, en el Pacífico, de donde acabo de regresar… Ahora viajo a islas: me he citado con otros dos grandes viajeros en el 2012 en la isla Agalega.

¿Por qué en esa isla? Es una remota isla del Índico en la que sólo viven 200 personas y a la que sólo llega un barco pesquero cada seis meses.

¿Y quiénes son esos otros dos viajeros? A mí se me considera la tercera persona más viajada del mundo. Los dos que me superan son Heinz Stücke y André Brugiroux, y con ellos me encontraré. Heinz salió de Alemania hace 48 años y aún no ha vuelto: no ha parado de moverse en bicicleta por todo el planeta. Y lo mismo el francés André, pero él en autostop.

¿Y cómo viaja usted? Tren, sobre todo, y barcos. Y autobuses, autostop… Si no queda más remedio, avión.

¿Qué equipaje lleva? Sólo una mochilita con tres kilos de peso: una muda y un anorak-saco. La uso para sentarme y como almohada para dormir.

¿Y dónde duerme? Donde salga: he dormido en las ramas de una higuera, en un nido de cigüeña, en estaciones, portales, cuevas, albergues… Y monasterios, que me gustan mucho.

¿Por qué? He vivido en monasterios católicos, ortodoxos, zen, hindúes, sufíes…, y en todos he encontrado gente muy sabia, de la que he aprendido mucho. Me presento como monje urbano, y siempre me acogen bien.

¿Qué es lo más raro que ha comido? Oso hormiguero en Perú, hormigas en Colombia, perro en Corea, sesos de mono recién decapitado…: me dio mucha pena.

¿Dónde ha corrido más peligro? Quise vivir en primera fila la lucha de los muyaidines afganos contra los soviéticos: nos caían las bombas encima, pero nos ocultábamos en unas cuevas laberínticas de Jalalabad, donde viven miles de personas bajo tierra. ¡Estoy seguro de que Bin Laden vive ahí! Y nunca le atraparán.

Con una vida tan movidita, ¿se puede tener familia? Difícil. Pero yo tengo tres hijas de tres mujeres: una aquí, otra en Novosibirsk (Siberia), a la que visito un par de veces al año, y otra en Moscú, de tres añitos.

¿Y saben unas de la existencia de las otras? Sí, saben cómo vivo, y las ayudo lo que puedo. Con las madres rompí, pero veo a mis hijas. Pero ahora temo perder a mi hija pequeña: creo que su madre se ha emparejado de nuevo, y me la esconde… Mi gran sueño es que mis tres hijas se conozcan.

¿Qué viaje prepara ahora? Visitaré cierto monasterio derviche en Abjasia.

¿Cuál es su viaje por antonomasia? ¡El camino de Santiago! Es el que requiere más valor: hazlo en invierno, con poca gente…, y te enfrentarás a ti mismo.

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