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La filosofía se vive

02/12/2015

Hay algo de visionario en los grandes metafísicos, como si tuviesen la facultad de ver más allá de los horizontes de su época. Tomemos por ejemplo la obra de Descartes. Que haya dado pie a interminables sutilezas metafísicas es algo que, ciertamente, se puede esgrimir contra él. Sin embargo, si atendemos al espíritu más bien que a la letra, me inclino a pensar que hay en él cierta grandeza, un aspecto profético de la comprensibilidad de la Naturaleza, una anticipación audaz de lo que mucho más tarde se realizó en la ciencia. Quienes tradujeron en hechos el espíritu de esta filosofía, constituyeron los verdaderos sucesores de Descartes, no Spinoza o Malebranche, sino Newton y la descripción matemática de la Naturaleza. Seguir mesándose los cabellos al discutir qué es la sustancia y cómo se debe definir, fue dejar escapar el mensaje; constituyó un error colosal. Una filosofía está ahí para vivirla. Lo que se convierte en palabra muere, lo que se convierte en obra, vive.

Friedrich Waismann.

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