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Colores

04/07/2017
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El golfo de Marsella visto desde L’Estaque (1883-1885)

Cézanne solo tiene un modelo de ejecución: escoge los colores con cuidado y desarrolla pautas de contraste basadas en tonos cálidos y fríos para sugerir la intensa vibración de una iluminación uniforme. Pero lo hace tomando, incluso fingiendo, el papel del descubridor, a fin de evitar todo efecto compositivo que pueda ser reconocido como artificio.

Cézanne empezó L’Estaque y el golfo de Marsella trazando unas pocas líneas con lápiz para señalar dónde se encontraban algunas de las divisiones más importantes de la escena natural. Por ejemplo, el punto donde coinciden la tierra y el mar. Estas líneas son sólo provisionales, como los dibujos de su cuaderno de bocetos; las distinciones formales que establecen están sujetas a continuas modificaciones. Posteriormente, el artista aplicaría la pintura mediante pinceladas fluidas, indicando claramente su dirección. Estas marcas individuales son relativamente uniformes en lo que a tamaño se refiere; sugieren una unidad de interés o de detalle en el campo visual. Ahora bien, como ejemplo de la transformación de la naturaleza llevaba a cabo por el hombre, este «campo» de observaciones resulta bastante variado: se ofrecen a la vista tanto las estructuras culturales como las naturales (el follaje, las montañas, los edificios). La escala de cada elemento arquitectónico representado corresponde de forma naturalista a su distancia en el espacio implícito del tema, por lo que cada elemento parece aislado en su totalidad. No obstante, las pinceladas que constituyen estos objetos identificables son tan poco variadas y la intensidad de su coloración tan parecida que la diferenciación espacial queda anulada. En consecuencia, cada una de las formas y estructuras se desvanece en un «campo» uniforme; los elementos arquitectónicos y las manchas de follaje se funden en una pauta general de color caracterizada por una distribución relativamente regular de contrastes de sombra y luz y de tonos cálidos y fríos. Las pinceladas de rojos y amarillos que representan a los edificios acaban por formar parte de un único grupo de tonos cálidos que incluye zonas de tierra y roca desnuda. Esta amplia gama de colores cálidos se opone a las manchas de vegetación de tonos fríos, que son modelados con el amarillo verdoso, el verde pálido, el verde, el verde oscuro y el azul verdoso. Por tanto, lo que articula el campo de visión de Cézanne es el color más que cualquier cambio en la línea de perfila las formas o en el modelado del claroscuro. Asimismo, son los contrastes de color, no los de valor, los que definen las montañas del fondo; este «modelado» abarca desde el verde azulado, el azul y el morado hasta los tonos rojo morado y los toques rojos. Hay que reconocer que los contrastes de color de la bahía y las montañas del fondo resultan un tanto débiles; pero estas zonas, al igual que la parte más cercana del primer plano, son las que menos pintura tienen, las que menos atención han recibido y, quizá, como diría Cézanne, las menos «vividas» o «sentidas». Son menos características de la visión «completa» del artista que las otras partes del cuadro.

Richard Shiff. Cézanne y el fin del impresionismo. Estudio de la teoría, la técnica y la valoración crítica del arte moderno.

Nota: no he sido capaz de encontrar el cuadro al que se refiere el texto, L’Estaque y el golfo de Marsella, circa 1883-1885. The Philadelphia Museum of Art.

Más colores.

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